Abrevando

Abrevando

José Antonio Lavín Reyna

“Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo”: Martha Medeiros.

¡Pero si no lleva nada!

Se dice que el que calla otorga, aunque puede ser que el que calla no diga nada.

A veces uno se puede acostumbrar a decir mentiras, pero no es natural hacerlo. Los padres de un hijo de tierna edad pueden atestiguar la lucha espiritual que le cuesta al niño decir la primera mentira: le tiemblan los labios al niño, mira con el espanto de ser descubierto, ¡Cómo arde su rostro y con qué ritmo late su corazón! ¿No prueba este pequeño, con mayor elocuencia que cualquier argumento, ser la mentira contraria a la naturaleza?

Y aunque con la mentira no se causara daño a otro, sí nos dañamos a nosotros mismos. La mentira se parece al arma del indígena de Australia (el bumerang), que una vez lanzada, o bien da en el blanco y lo destroza (es la mentira maliciosa), o falla, y entonces vuelve al que la ha lanzado y lo hiere a él.

Preguntémonos: ¿qué verdad atestiguan nuestras palabras? ¿Soy un testigo de la verdad o soy más o menos un mentiroso disfrazado de verdadero?

Hans Christian Andersen fue un escritor danés nacido en Odense, Dinamarca; célebre por las magníficas colecciones de cuentos de hadas que publicó entre 1835 y 1872. Son creaciones suyas, relatos como ‘El patito feo’, ‘La sirenita’ y ‘Los soldaditos de plomo’, tan divulgados y conocidos que a veces son tenidos por cuentos tradicionales anónimos. En uno de sus cuentos relata que había un Emperador muy aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todos sus ingresos en vestir con la máxima elegancia. No se interesaba por sus soldados ni por su pueblo, nunca salía, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía uno distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en reunión”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está con el sastre”. A la ciudad en que vivía el Emperador todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros. Una vez se presentaron dos embaucadores que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

El emperador “Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores, es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él”. El viejo y digno ministro se presentó en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. “¡Dios nos ampare! –Pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas–. ¡Pero si no veo nada!” Sin embargo, no dijo nada.

Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías. Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver. Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta -¡Es digno de admiración!-, dijo al Emperador.

Todo mundo hablaba de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar, acompañado del gabinete acudió al sitio ¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela. ¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso.

El final del cuento sucede cuando un niño exclama cuando vio al emperador desnudo, ¡Pero si no lleva nada! ¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia!, dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño, ¡Pero si no lleva nada! gritó, al fin, el pueblo entero. Aquello inquietó al Emperador, pues sabía que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los miembros de su gabinete y los miembros de su partido en el congreso continuaron alabando el inexistente traje.

Por desgracia, para conservar el empleo nadie le dice a la autoridad en turno que sus acciones son malas, así es la clase política, de nuestro México.

Algo Más…

Es ahora del despertar. Los igualtecos debemos quitarnos el yugo del mal llamado Derecho de Alumbrado Público que nos cargan con un 13 u 11% en referencia con el consumo de energía durante el bimestre, existe jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia por ser ese porcentaje inconstitucional, como la autoridad y empresas tramposas ven que el pueblo se aguanta y lo paga, en lo obscurito la totalidad de la comuna fue llevada, hospedada y agasajada con los mejores manjares y vinos para que se les presentara en bandeja de plata el robo de ese dinero obtenido de manera inconstitucional.

Es el momento de que las barras de abogados u otro grupo social obliguemos al representante social de la federación, el MP Federal que interponga, como ha sucedido en otros municipios del país, amparo contra este cobro. Es el momento de despertar. Urge ser más participativos para evitar el fraude del traje inexistente, que los tontos sean otros, los que se queden sin el negocio. Y el cobro en la mensualidad del agua y del predial viene agresivo contra la economía del pueblo. Vaya con los morenos.

CDLI.- El caos vial es evidente; la recolección de basura aún más, y las calles obscuras abundan, mas sin embargo los hoteles y restaurantes están al tope con las reservaciones de los cientos de visitantes que llegan a nuestra ciudad para admirar ese gasto o capricho de $ 3, 000, 000.  Tiempos vendrán y despensas ya no habrá, quien sabe qué diablos el DIF hará.

Sabías que: Está científicamente demostrado que bailar nos hace más sanos e inteligentes.

Hasta la vista.

La Informacion al momento de los hechos

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