Tribuna Pública

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Francisco Javier Copeño Castro

*¿Jefes o simples empleados del pueblo…? ¡¡Caray!! ¿Por qué habrá “funcionarios” que no saben qué es eso y con qué se come? Creen que por ocupar un cargo público son dueños de los espacios donde están. ¿Sabrán que aunque vociferen que son la autoridad, no son más que empelados del pueblo? Equivocadamente creen que por tener la oportunidad de servir a uno como ciudadano, debemos acudir a que nos hagan favores, cuando lo que deben hacer es agradecer el que estén ahí; y es que no cualquiera debería tener la oportunidad de ocupar un cargo público. Pero resulta que en este sistema podrido, corrupto como siempre ha sido, quien tiene la “oportunidad” de servir, al parecer debe ser gente hipocrática, arrogante, déspota, prepotente, altanera, grosera, arrogante, mediocre y sin el más sentido de responsabilidad en el qué hacer en un cargo público, y que sólo piensan en robar a sus semejantes, y todavía creen que son los mejores funcionarios. Lo que deberían saber, es que no son más que simples gatos del pueblo. Lo mejor que deben hacer, es bajarle dos rayitas a sus poses de perdonavidas, porque muchos actúan así porque no pueden superar sus frustraciones y su pasado que los ha perseguido toda la vida y ven en el carguito que llegan a tener no por méritos propios, sino por la recomendación de alguien, que son semidioses a los que se les debe rendir pleitesía, cuando no son más que unos ineptos irresponsables, que se rodean de gente mediocre a la cual sólo utilizan para sus fines avisos e intereses oscuros y muy pero muy personales, y sabedores que de sirven al sistema lleno de estiércol, que aunque se embarren y batan e inclusive se alimenten de él, no importa, porque la máxima a la que se atienen es que para ellos, “el arte de la política, es comer estiércol, no hacer gestos y pedir que les den otra ración”. Son lame botas, arrastrados como gusanos, con el perdón de estos, porque por lo menos hay gusanos que sirven de abono, pero estos sólo sirven para seguir pudriendo el hermoso arte de servir a tus semejantes. ¿A cuántos personajes como los antes descritos conoce usted hipotético lector? Seguramente a tantos que se nos olvidan los verdaderos servidores públicos honestos, responsables y atentos con la ciudadanía, quienes son sus verdaderos patrones, sólo a muy pocos podemos catalogar de verdaderos servidores públicos, y esos siempre estarán pobres, porque su honradez, no les permite pedir, robar o aprovecharse de las circunstancias para poder agarrar lo que no es suyo. Porque aunque lo dudemos, sí los hay, pero son tan pocos que inclusive en esta administración pública municipal, podemos contarlos con los dedos de las manos y sobrarían dedos. En serio, es una tristeza que se tenga que ser tan duro, al extremo de decir que son más los malos que no gobiernan que los buenos que deberían estar. Sin embargo, nos pasa lo que no pasa, porque mientras los malos están organizados, la gente buena, honesta, honrada, trabajadora que son la mayoría no quiere problemas y no se organiza, por lo que las quejas, denuncias y demás, sólo quedan en hojas de papel como una simple estadística más de que alguien dijo algo, pero nada más. ¿Hasta cuándo seguirá todo este desmadre? Mucha gente pensó que con la llegada de AMLO a la presidencia, se acabaría toda la mediocridad en el gobernar en nuestro país, porque así lo decía, y mucha gente puso sus esperanzas en él; desgraciadamente las cosas siguen igual o peor, y se justifican diciendo que esto no es nuevo y que las cosas no cambiarán de la noche a la mañana, por todo el cochinero que dejaron los gobiernos anteriores. Pero eso es mera justificación aceptada por quienes apoyaron ese proyecto, por cierto, aunque muchos se enojen, la concentración del poder como se pretende, es lo peor que se puede hacer en un gobierno. Lo mejor es delegar responsabilidades y a quien no cumpla con los lineamientos, se le dé un castigo ejemplar y quede inhabilitado de por vida para ejercer un actividad que tenga que ver con el servicio o cargos públicos. La concentración del poder nos lleva a una dictadura, lo que tanto se criticó y se negó, pero que en los hechos se demuestra por un lado que se tenía razón en las afirmaciones que lo anunciaban y la equivocación en quienes lo negaban. En fin, el anuncio del fin de la corrupción es falacia, y sólo se lo creen, quienes no tienen justificación para admitir que lo que se decía era verdad, y aunque esto podría no verse en este sexenio, lo cierto es que la posibilidad está latente. ¡Hasta la próxima y salud!      

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